/ CONTEXTO 1994 - 2020
En diferentes lugares y culturas se va imponiendo la palabra resistencia, añadiéndose a otros que no han dejado de practicarla. Resistencia es un término que conlleva una negación, obstaculizar un proceso una fuerza, pero también salvaguardar una afirmación: otros modos de hacer, de pensar, vivir. La minorías o la mayorías marginadas en su propia tierra, la practican de diferentes formas activas o pasivas. En torno a esta práctica se reúnen hoy en día pueblos y culturas muy diversas, algunas sin contacto entre si, pero que empiezan a conocerse, a oírse hablar unos de otros, en esta lucha.
Estas resistencias de diversos orígenes y lenguas se ejercen contra la imposición de un pensamiento único y hegemónico, una sola forma de entender la historia y el progreso. A menudo se le llama " Occidente " ,?un concepto vaporoso, simbólico que al inicio definía a Europa, y más concretamente a las antiguas potencias europeas, " potencias occidentales " se les llamó, y luego por extensión del sistema económico a los Estados Unidos de Norteamérica e incluso a sus aliados del Extremo y Medio Oriente. Finalmente Occidente parece responder más un sistema económico y a su derivado cultural que no al término geográfico.
Lo que sí parece cierto es que el imaginario Occidental necesitó construirse en oposición a otra invención aún más inexacta y extensa: Oriente. Un concepto nacido a raíz de la expansión de las " potencias coloniales " , aplicado indistintamente a una extensión que iba del Maghreb al Extremo Oriente. Y que se añadía como objeto de deseo a los ya sometidos territorios " salvajes " , " pueblos indígenas " , o al evanescente " el dorado " , etc?
En primer lugar hay que reconocer que la construcción de ese Occidente se hizo también sobre la negación de sus diversidades y heterodoxias, sobre la negación violenta de su propia historia(s) y requirió de la invención de una genealogía fantástica y excluyente en la que se sucedían sin oposición : la antigüedad clásica, el imperio romano, la cristiandad, el racionalismo, la ilustración, el positivismo, el capitalismo? reinterpretados todos como estereotipos dulces, sin aristas ni violencias, listos para el consumo de identidades. Así lo " clásico " se redibuja como origen aristocrático dominando ya sobre el proto-oriente del " enemigo persa " , el imperio romano como fuerza cruel pero unificadora, la cristiandad a veces fanática e hipócrita pero al fin y al cabo civilizadora, la Ilustración liberadora y humanista a pesar de sus despotismos y de su visión colonizadora del conocimiento. Y como culminación: una noción de progreso incesante, lineal, acrítico en el que el capitalismo ejerce como definitivo garante de la libertad? La progresiva hegemonía tecnológica se añade a esta sucesión y viene a probar su razón de ser y poder.
Esta escenografía genealógica se sostiene en la llamada sociedad del consumo global. Cuyo núcleo duro se ha ido concentrando en el entramado de intereses de las grandes corporaciones petroleras, farmacéuticas y de la industria militar, las cuales proyectan un mundo espectacular a través de los mass-media. Un mecanismo de colonización de los deseos y los miedos, mediante imágenes y eslóganes, pero por encima de todo un dispositivo de reversibilidad, en el que no sólo el éxito y el triunfo sino también la tragedia y el desastre, incluso los propios, se rentabilizan inmediatamente en tanto que espectáculo de consumo. En esta elastic reality, realidad plástica, perviven sin embargo dogmas inamovibles entre ellos la noción de una economía única basada en el crecimiento permanente agresivo y el de la euforia tecnológica. Incluso las voces moderadas que claman por modelos de sostenibilidad no pretenden renunciar a este modelo radical de entender la economía, pueden modular el grado de agresividad pero no el crecimiento. La sociedad de consumo global, lo es porque consume hasta su extinción no sólo productos sino también recursos naturales, personas y comunidades.
Esta economía expansiva, que se quiere objetiva y al margen de toda ideología, genera un estado de conflicto permanente con múltiples frentes: entre ellos obviamente el de la intervención militar, represión, ocupación. Pero también en el campo de la alimentación: los productos locales cada vez tienen un papel más minoritario (sea marginal o elitista) y los productos globales procesados, precocinados etc.. cada vez una mayor presencia y accesibilidad en el libre(?) mercado. Literalmente se impone el concepto de agricultura intensiva e industrializada, en el que todos los procesos: semillas genéticamente modificadas, fertilizantes, pesticidas, etc.. forman un solo paquete?Los recursos naturales del planeta son entendidos bajo el prisma de la propiedad privada y la explotación, ya no hablamos sólo de las materias primas o los energéticas sino también del agua, en la que van convergiendo las grandes inversiones especuladoras. La medicina tanto la de acceso público como privado está infiltrada por los intereses de las grandes corporaciones farmacéuticas, no sólo en el imperio apenas discutido de la medicina química, sino también en el propio concepto de lo que es la salud pública, combatiendo, descalificando o ignorando las prácticas preventivas y su necesaria relación con la educación. Finalmente el propio sistema educativo parece tener como horizonte utópico adaptarse ergonómicamente a las necesidades del " mercado " , la introducción en su núcleo de contenidos o prácticas ya no críticas sino extrañas a esas necesidades, constituye un ruido, un obstáculo.
Los mass media, los llamados medios de comunicación, se alimentan en su mayor parte de noticias pre-cocinadas por las pocas y grandes agencias informativas. En su conjunto practican un reseteado continuo de los acontecimientos, presentándolos como una sucesión de absurdos. Propagan entre la población la idea de un Occidente hiper-privilegiado en contraste a un " mundo subdesarrollado " y siempre sufriente, cuyo único interés posible radica en ser destino turístico (y efectivamente " los turistas llegan allí donde no lo hacen los ejércitos " ). Construyen así día a día la perspectiva única de lo que es pobreza y riqueza. La tan mediática imagen tercermundista del niño soldado participando en unas guerras incomprensibles, que tantas conciencias hiere, jamás encuentra su paralelo en la tan común imagen del niño occidental entregado a horas de videojuegos violentos, algunos de cuyos best-sellers son versiones de entretenimiento de programas de entrenamiento militar.
Pero también en todos estos campos persiste y se extiende la resistencia, no necesariamente ideológica ni consciente, con prácticas muy diferentes ya que responden a contextos propios, culturas y tradiciones muy distantes entre sí. Hablemos pues mejor de resistencias, algunas provienen del pensamiento crítico occidental, restos de ideologías liberadoras después del naufragio, prácticas alternativas, refundaciones y nuevos cruces? Otras provienen del rizoma indígena que se extiende desigual por el mundo y que sabe que la continua agresión a la tierra y a la naturaleza es un proceso autodestructivo, destrucción de nuestros recursos pero también destrucción de conocimiento. Otras resistencias radicales provienen de culturas, como la islámica ahora demonizada, casi siempre desconocida y que ha sufrido en los últimos diez años casi 10 millones de victimas, sin que apenas se hayan levantado voces en Occidente,?y de muchas otras actitudes, religiones y prácticas cada vez más necesitadas de conocerse y de respetarse mutuamente. Un diálogo clave para la aceptación de nuestra diversidad de saberes y haceres, para las autocrítica de los aspectos totalitarios, excluyentes, que habitan en casi todas las culturas. En este sentido Europa y por extensión Occidente a pesar del monumental papel que se ha auto-otorgado en la historia de la humanidad, y en la constr