(...) Sin ningún pudor, el 28 de febrero, en plena emergencia por Coronavirus –en 5 días se habían alcanzado los 110 infectados oficiales en la zona, ya fuera de control–, la patronal industrial italiana, Confindustria, inició una campaña en redes con el hashtag #YesWeWork. “Tenemos que bajar el tono, hacer entender a la opinión pública que la situación se está normalizando, que la gente puede volver a vivir como antes”, dijo el presidente de Confindustria Lombardía, Marco Bonometti, en los medios. El mensaje del vídeo promocional para los socios internacionales era un despropósito: “Se han diagnosticado casos de Coronavirus en Italia, pero como en muchos otros países”, minimizaban. Y mentían: “El riesgo de infección es bajo”. Echaban la culpa a los medios por un injustificado alarmismo, y mientras mostraban a obreros trabajando en sus fábricas presumían de que todas las fábricas continuarían “abiertas y a pleno rendimiento, como siempre”. Echaban la culpa a los medios por un injustificado alarmismo, y mientras mostraban a obreros trabajando en sus fábricas presumían de que todas las fábricas continuarían “abiertas y a pleno rendimiento, como siempre”. Tan solo cinco días después estalló el enorme brote de contagios y muertes que acabó siendo el más importante de Italia y de Europa. Pero ni así retiraron la campaña, ni mucho menos se plantearon cerrar las fábricas. Extracto del articulo: Bérgamo, la masacre que la patronal no quiso evitar. El área de Italia más devastada por la Covid-19 es un gran polo industrial. No se declaró nunca zona roja debido a las presiones de los empresarios. El coste en vidas humanas ha sido catastrófico. Alba Sidera, Roma, 10/04/2020
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El deseo de amplificar la mirada, de alejar, de distanciar cada vez más la capacidad de nuestros ojos a través de diferentes tecnologías (binoculares, microscopios, satélites), esconde la voluntad de acercarse a las imágenes de la extrema distancia, del extremo desapego: la muerte. Muerte en vivo, el tiempo en vivo de la imagen electrónica es la extrema necroscopia tecnológica regalada a nuestra mirada: la carne se despliega, el deseo, la tensión se consumen y se descomponen, momento tras momento, "fotograma" a "fotograma". La glaciación temporal del cuerpo de la imagen fotográfica y cinematográfica se abre en el caos del vídeo provocando retornos impredecibles a la vida, una vida hecha de luz y de movimiento. Las miradas de las diversas guerras han logrado su camino desde el cañón del rifle hasta los binoculares de la lente de las cámaras: apuntamos nuestros ojos, miramos, deseamos, matamos, vemos la muerte (en vivo). El vídeo fue realizado para la exposición:“Tazio Secchiaroli, the original paparazzo”, galeria Photology, Milano.1996.
La película ha sido realizada a partir de una colección anónima de películas de aficionados en 16 mm, que tienen como objeto algunos safaris en África Central grabados entre 1957 y 1963. Las películas, editadas y sonorizada después, son los resultados del viaje de un grupo de amigos, amantes de la caza mayor, meticulosamente grabados por un operador de cámara: un safari en África Ecuatorial Francesa, secuencias de “matanzas” grabadas en Camerún, Angola, Mozambique y otros países africanos, que tiene el impacto de una expedición colonial-turística
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