Este trabajo de la realizadora libanesa Danielle Arbid tiene como punto de partida una serie de experiencias sexuales, obsesivas y ardientes, contadas libremente y con lujo de detalles por los amigos de la directora. El juego de voces, de hombres y mujeres, que hablan acerca de sus secretos sexuales, combinado con bellas imágenes de archivo (en formato Súper 8) y la oscuridad de la pantalla negra genera un clima de tensión erótica en el marco de un lenguaje altamente poético.
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Dolor y mass media en Argelia.
Sin títuloUn hombre ausente. Una mujer que recibe sus cartas. Ella nos las lee, pero permanece invisible. El que envía las cartas le describe su viaje. A menos que sea el escenario de una película imaginada.
Dentro de las paredes de sus apartamentos en la antigua Medina de Casablanca, una comunidad de mujeres marroquíes cocinan, limpian, cuidan a sus familias y se ayudan mutuamente. Con sus manos en la masa, en el jabón mientras lavan la ropa, mientras hacen las tareas de la casa, en el mercado, en el “hammam”, entre risas y lágrimas (“Somos amas de casa, nada más... ¿nuestro deporte? ¡Limpiar la casa!”), estas mujeres valientes, orgullosas de su papel, hablan lúcidamente, pero sin autocompasión sobre sus vidas. Muestran una vitalidad, curiosidad por la vida, y solidaridad sorprendentes. Quizás estas amas de casas orgullosas de sus hogares no sepan leer, pero saben exactamente lo que podría mejorar sus vidas: la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, un futuro mejor para sus hijos, para que no tengan que emigrar con el objetivo de mantener a sus familias. Las vidas cotidianas de estas heroínas (“batalett”) irradian esperanza y en ellas se percibe la posibilidad de cambio.
Un helicóptero militar circula en el cielo como una avispa maligna. En la superficie, el caos después del ataque. Una secuencia de planos que se suceden a ritmo acelerado - personas sangrando, coches en llamas y soldados aturdidos. Un saludo-postal desde Beirut, tan amargo y cínico que sólo puede proceder de una ciudad en guerra consigo misma. El único diálogo de la película crea una sorprendente connotación: Beirut es París, o Madrid, o cualquier otra metrópolis. El guión ya existe: jóvenes sin perspectivas, bombardeos, drogas, armas, soldados. Ha llegado la postal.
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