Paris Couleurs se centra en los Zoos Humanos que se celebraron en Francia, y concretamente en Paris. Como una consecuencia y un reforzamiento de los estereotipos racistas y eurocentricos: “el negro divertido, dócil, siempre con ritmo en el cuerpo; el oriental trabajador y enigmático; el árabe fanático, valiente, en permanente reivindicación”. Hacia ellos, desconfianza, control o paternalismo, pero también demanda constante para que formen parte de las tropas de choque que defiendan las conquistas del Imperio, las agresiones a una “madre patria”, los trabajos más duros, el erotismo reprimido. De todos ellos el árabe, el musulmán, representa el ejemplo más irreductible, un desafío cultural en las fronteras, un peligro interno. Lentamente se forja la etiqueta mediática del terrorismo. Mientras, el extrarradio urbano y los barrios marginales van creciendo. La represión salvaje empieza a ser una necesidad.
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“Mi abuela nació en el territorio del actual Burkina Faso del encuentro entre un militar francés y una joven africana. El descubrimiento del singular destino de la minoría mestiza a la que ella pertenece, después de la separación de las madres y del abandono por parte de los padres hasta el confinamiento obligatorio en los orfelinatos, me devuelve a mi propio mestizaje”. Disponible online hasta el 19 de Noviembre de 2021.
Sin títuloEn 2012, con motivo del cincuentenario de la independencia de Argelia y del reestreno en los cines de la versión restaurada de la película "Avoir 20 ans dans les Aurès", René Vautier repasa su trayectoria como cineasta implicado en las luchas anticoloniales.
Sin título¡Feliz cumpleaños al Frente Nacional! Durante mucho tiempo animado por la necesidad de establecer un diálogo sobre la guerra de Argelia, René Vautier grabó los testimonios de independentistas argelinos, reclutas y reservistas franceses, generales del ejército francés, historiadores... Así, Mohamed Moulay, Ali Rouchaï, Mohamed Loulli, Germaine Tillion, Paul Teitgen, Pierre Vidal-Naquet, el coronel Antoine Argoud, el general de Bollardière o el general Jacques Massu, entre otros, dieron su testimonio ante la cámara de Vautier. Un documental inédito durante muchos años que recuerda de dónde viene el Frente Nacional, el cual cambió de nombre y adquirió cierta respetabilidad tras el liderazgo de Jean-Marie Le Pen. Advertencia: la película es una copia rescatada. La calidad técnica está deteriorada, pero eso no es más que un detalle... El hombre de las manos ensangrentadas (por René Vautier) Me había embarcado en un trabajo histórico: grabar en cintas de vídeo las “memorias” de testigos de la guerra de Argelia, para que algún día jóvenes estudiantes de Francia y Argelia pudieran escribir juntos, en imágenes, una historia común de las relaciones entre ambos pueblos. Me habían hablado de un hombre, en Saint-Eugène, que, aunque había sido torturado, tenía dificultades para que se le reconocieran sus derechos a pensión porque nunca había sido miembro del FLN. Fui a entrevistarlo un poco por casualidad: me contó sus torturas, y cómo, entre sesiones de “gégène” (tortura eléctrica) y “bañera” (tortura por inmersión), sus torturadores le habían hundido los pulgares en las cuencas de los ojos: “como si quisieran hacerme saltar los ojos”. Luego hice lo que siempre hacía: mostrarle una serie de fotos de oficiales paracaidistas, para preguntarle si reconocía a sus torturadores. Con mucha dignidad, me respondió que ya no podía ver... pero añadió: “Tengo un papel del señor alcalde (el alcalde de Argel en esa época era Jacques Chevalier, exministro de Defensa de Mendès-France) en el que está escrito el nombre del teniente de los paracaidistas.” Fue así como vi que el nombre que él ya no podía leer —se había quedado ciego a causa de las torturas— era el del teniente Le Pen. Hice autenticar la firma de Jacques Chevalier por miembros de su familia y personas que habían trabajado con él; verifiqué en documentos de la época —no había duda. Parece que hay una ley que prohíbe en Francia usar testimonios sobre atrocidades cometidas durante la guerra de Argelia. No seamos ridículos: se sospecha que los austríacos han puesto al frente de su república a un hombre acusado de haber “encubierto” torturas, ¿y habría que ocultar a los franceses documentos que el mundo entero se deleitará en plena campaña presidencial? Porque ninguna ley puede impedir que el mundo entero —¡excepto Francia!— sepa que tendremos un candidato no solo con discursos delirantes, sino con las manos ensangrentadas. Este artículo fue publicado en L’Humanité el 29 de septiembre de 1987.